jueves, 26 de junio de 2014

Cuando llueve

   Me acuerdo de ti cuando llueve. ¿Recuerdas cuando las gotas de lluvia chocaban contra los cristales de la ventana mientras permanecíamos abrazados en la cama? Éramos tan felices, lo teníamos todo.

   Las gotas de lluvia golpean suavemente los cristales, y caen, como lágrimas, encontrándose con otras pequeñas gotas, cambiando de dirección. Caen, como mis lágrimas.

   Te recuerdo con el crepitar del fuego, su calor alcanza mi cuerpo y me recuerdan el calor del tuyo, la suavidad de la piel de tu espalda al ser recorrida despacio por mis dedos, descendiendo, descendiendo despacio, al igual que mis lágrimas.

   Tus labios rosados, con sabor a fresa, se unían a los míos y aún con el paso de los años, seguía sintiendo las mariposas bailar dentro de mi estómago. Hundía mis manos entre tus largos rizos negros, brillantes como si les bañara la luz de la luna, te sentía tan cerca que no existían en el mundo más olores que los que provenían de tu cuerpo.

   Hoy llueve y no te tengo. No estás a mi lado en la cama, no me acaricias, no me besas, no haces que el tiempo transcurra despacio y que sienta que el paraíso en la tierra verdaderamente existe, te has ido, no volverás.

   Llueve y salgo a buscarte, te necesito. Mi gran error fue no decirte cuanto te amaba cuando importaba, pero he de hacerlo, aunque sea ahora, es demasiado tarde, lo sé, pero mi corazón se quiebra en miles de pedazos cada vez que recuerdo todo lo que he tenido y lo que he perdido, cuando pensaba que estarías para mí, por siempre, y no tuve el valor de decirte en voz alta que eres el amor de mi vida, que sin ti no hay luz, que sin ti estoy perdido por un camino más duro de lo que podría imaginar.

   Al fin frente a ti, no soy más que una figura triste y me pregunto si detrás del dolor podrías reconocerme. No soy más que un hombre gris, apenas la sombra de lo que un día fui a tu lado. Soy poco menos que un viejo que tan sólo puede ver una losa de mármol con tu nombre grabado.

   Las gotas de lluvia caen, con suavidad, y descienden por la piedra caliza pulida. ¿Son tus lágrimas? Por una vez en la vida voy a tener el valor de decirlo en voz alta, aunque sea demasiado tarde.


   -Te quiero.

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